7 feb 2011

HELÍ RAMÍREZ GÓMEZ

Jugaba de alero

Era normal en su físico
llevando la misma vida de todos en el barrio

Jugábamos fútbol juntos
Sin ser muy llaves fuera de la cancha
en la cancha éramos inseparables
Hacíamos jugadas bonitas
tanto cuando jugaba de alero
como cuando jugaba de interior: número diez o número
ocho
se jugaba cuatro dos cuatro
para nosotros hacer paredes de toques largos o cortos
desde la mitad de la cancha
enloqueciendo defensas
hasta fusilar al arquero era como tomar aguadulce
El sueño de él era jugar algún día en el profesionalismo
sus jugadores admirados eran campillo aceros y ramacioti
los dos primeros por la gambeta
y el último por la potencia en los disparos
al cobrar los tiros libres de larga y media distancia
Se levantaba a las seis de la mañana
a trotar a la cancha y a hacer gimnasia
por la tarde jugaba fútbol con la gallada
cuando no le tocaba entrenar
en un equipo en el que jugaba afiliado a la federación
y por la nochecita se comía su plato de agua con dos o
tres frijoles remando en el plato
y se acostaba temprano
diciendo que si quería progresar
tenía que cuidarse de trasnochos y vicios

Jugábamos en la selección del barrio
en donde no sólo él y algunos éramos buenos jugadores
el equipo completo era una escuelita de toque y goles
Medio nos trabábamos para jugar
y el balón en nuestros pies era como pegado con imán
y hacíamos gala de un pique de carrerón tras el balón
en los pases de profundidad
que ni cochise batiendo la marca mundial de la hora que
llaman

Después de los partidos hubiera triunfo derrota o empate
un festín de fiestón
que terminaba casi siempre en puñaladas
Borilo no se juntaba con la gallada más que para jugar
ni en sus fiestones ni en la esquina se veía
cada día aspiraba más a verse en las páginas deportivas
de los periódicos
no robaba ni salía a guayaco a pichar
ni con las peladas del barrio se acostaba
su sueño: ser un futbolista
y el único disco que oía era “el sueño del pibe”.

A él lo envenenó fue una pelada
no los amigos como dicen las cuchas
una pelada que aterrizó en el barrio huyendo de su casa
porque dizque la molestaban mucho
llegó a la casa de una familia en donde
los hombres eran ratas
y las peladas putas
y no había sábado o domingo que no viera uno a los cuchos
de esa casa
pasar de visita para la cárcel
como uno de los muchachos de la casa jugaba en el equipo
un sábado cayó a la cancha con las primas
era una monita de unas cuantas pequitas regadas en las
mejillas
y sin ser linda era quebradora
en el descanso entre el primer tiempo y el segundo
se arrimaron las peladas al lugar donde descansábamos
unos tomando fresco
otros chupando cascos de naranja
otros dándole unos bombazos a un cozo para entrar
entonados a la cancha
y como que le gustó borilo desde que llegó
no se quitaba del lado de él
y le preguntaba que si estaba muy cansado
y que si iba a hacer otro gol
Ese día borilo fue a beber con la gallada pipo pero no se
dio en el coco
La pelada sí: qué loquita
no sólo estaba buena para gozarla
sino también era entucadora para robar
esa noche apenas el hombrecito se abrió
fue el goce con la monita
empujada por la vizca y la peluda

A los días se veían caminando por los lados de la quebrada
y seguro que en una de esas caminatas lo envenenó
Ya se tiraba sus borracheras y se jalaba qué travas
empezó a salir a atracar por las noches
y resultó ser hasta bravo y ácido para migar puñaladas

Casi casi no seguro sin él darse cuenta
y nosotros lo mismo
cada día iba bajando en el ritmo de juego
fue perdiendo velocidad en la carrera
y en la gambeta si sacaba un defensa no sacaba dos
y la perdía infantilmente
se comía goles que eran más fácil hacerlos que botarlos
La monita resultó enmosada con un cucho dueño de un bus
y borilo terminó siendo sacado de la cancha por la misma
hinchada que lo aplaudía
Le gritaba:
“qué hubo borilo
muy pajeado o qué
ponele pelotas a esa pelota
o vas para afuera”
y silvaban y gritaban
borilo se sentaba a ver el partido desde una piedra
y creo que nadie más que yo le veía la tristeza
Ya no hablaba de su aspiración a ser una estrella
profesional
ni iba a entrenar al equipo donde jugaba
por salir a robar para el vicio y el cine

Los treintazos uno sobre otro
pasó a ser su deporte favorito
fue adquiriendo el color amarillo del encierro
y la flacura de quien sólo pasa el día con tragos de agua
de panela sucia
ya se le veía andar no erguido como antes sino encorvado
como un cucho
y en la cara una máscara de riptus de odio
Dejó las peladas o ellas lo dejaron a él
pues lo que fue una noviecita que tenía
lo dejó porque según decía ella:
“ese se volvió un mariguanero
un ladrón
un vago”.

Resultó enmosado con una cucha rejuda
que no tenía con quién gozar

el marido camellaba en carretera en el municipio
permaneciendo lejos dos semanas o dos meses y hasta
medio año
haciendo carreteras y borilo era el que le daba cuerda a la
cucha esa sola
Cada día borilo era más desnutrido
y en los partidos era un tronco
parecía nunca hubiera tocado un balón
el balón lo buscaba y él le corría
Una vez salió en la prensa pero no en las páginas deportivas
sino en la página roja
como colgador peligroso con tendencias a sátiro
Después de salir de pagar diezyocho meses por atraco y
lesiones
a un cucho que camellaba por las fábricas que quedaban en guayabal
le mostraba a todo el barrio la foto del periódico y su
leyenda pequeñita
y contaba un hermano que dormía con el recortico bajo
la almohada
Un día le dijimos cansados de oírlo:
“ah...valiente gracia
salir uno en la prensa como una garulla
la gracia es salir pero por un negocio fuerte a un
banco...”
llegó incluso a creerse uno de los jefes en la gallada y en
una de sus aceleradas
frentedeoso le dio varios fierrazos que lo pusieron a orinar
por una tripa cosa de tres meses
y lo dejaron andando más agachado de lo que era para
toda la vida.

5 feb 2011

POEMA

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...


Rubén Darío

MIS LIBROS

  • AURA
  • DOCE CUENTOS PEREGRINOS
  • EL ANATOMISTA
  • EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA
  • EL DIABLO - EL PADRE SERGIO Y AL MUERTE DE IVAN ILICH
  • EL LIBRO DE LOS CHICOS ENAMORADOS
  • EN EL FONDO DEL CAÑO HAY UN NEGRITO
  • MAESTRO Y MARGARITA
  • MOMO
  • VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA

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